miércoles, 20 de noviembre de 2013

2011 LA PLUMA Y EL ESPINO

EDICIÓN CONMEMORATIVA
I CENTENARIO
CAROLINA CORONADO



Interior del libro
31,5 x 21,5 cm
PVP.: 20 € ejemplar + carpeta
hbravo55@yahoo.es




















Relación de poemas recogidos en la presente edición:

AMOR
¡Oh, cuál te adoro!
Siempre tú
Temor del mundo

ROMÁNTICOS
¡Ay!, transportad mi corazón al cielo
¿Cuál tu grandeza es? ¿Cuál es tu ciencia?
En un álbum que me presentaron cuando estaba contemplando una hermosa tarde
La luna en una ausencia
La flor del agua

COMPROMISO
A Lidia
El marido verdugo
La poetisa en un pueblo
Libertad
¡Cantad, hermosas!

NATURALEZA
A la palma
El espino
Gloria de las flores
Un paisaje

HUMORÍSTICOS
En el álbum de un pedante
En el álbum de alguien que no quería más que la firma
En el álbum de una señora que deseaba que se pusiera su nombre dentro de una octava
En el álbum de una señora que pedía versos largos y cortos
En el álbum de una señora que quería que acabasen las consonantes en ío y en ía
En un álbum donde quería que le expresara quién fue el inventor del álbum
En un álbum que llegó después de haber firmado otros cuatro aquel día
En otro



... mi pasión, mi esperanza, mi poesía.

 





















A la luna le cuento mi cuidado























¡Ay! transportad mi corazón al cielo























De las aguas enlazada, / a los hilos su raíz























¡Cuánto nuestros espíritus sufrieron!























¡Libertad! ¡ay! para el llanto























Lágrimas de entusiasmo agradecidas























Alza gallarda tu cabeza al viento






















y en el espino mis lágrimas























... muere la flor del jardín























Despacio, pintor, despacio























Que le den otra sangría



2010 TEMPUS AMORIS



Por el aire volaban
romanzas sin sonido,
y en su almohada de pasos
me quedé dormido.

Gerardo Diego



Y escuchar el dulcísimo latido
con que su corazón se mueve.

Ricardo León



¿Dónde está mi amante?
mi amante querido,
¿en dónde estará?

Rafael Alberti



Los dos, uno sólo éramos:
uno el corazón latía...
uno sólo nuestro aliento.

Ángel Ganivet


¡Ay, amor,
perjuro, falso, traidor!

López Maldonado


Porque sus ojos son flechas,
que al corazón van derechas,
como al blanco donde tira.

Baltasar de Alcázar


¿Para cuándo el sol
en el corazón?

Aziz Al-Hababi


Caricia por caricia,
abrazo por volcán.

Pedro Salinas















Y el corazón enemigo
de lo que la vida quiere
ni halla vida, ni muere,
ni queda, ni va conmigo.

Jorge Manrique















Si la noche hace escura
y tan corto es el camino,
¿cómo no venís, amigo?

Anónimo















Tu amor—¡qué alegre!—
riega sus rosas en mi corazón.

Juan Ramón Jiménez















Mucho pica el sol
con flechas de fuego;
más pica el amor,
que hiere más recio.

Balvas Barona















¡Tanto amare, tanto amare,
habib, tanto amare!
Enfermeron olios nidios
e dolen tan male.

Jarcha mozárabe















Yendo y viniendo
vóime enamorando:
una vez riendo,
y otra vez llorando.

Luis Milán















Yo soñando espero
su inefable encanto;
viejo minutero,
¿por qué tardas tanto?

Emilio Carrere















Yo he caído en el fuego del amor
y las aguas de mi llanto ¡Ay,
de mi corazón por mis lágrimas y mis brasas!

Yehuda Ha-Levi

2008 GUARDIANES DE LOS SUEÑOS

BUSCADORES DE SUEÑOS

Javier Cano

Llanto por la vivión. 2002
116 x 95 cm
Acrílico, carboncillo, conté y collage s/ tela
En 1986 Hilario Bravo hacía una reflexión en uno de sus textos, Exhuberancia de la simplicidad, donde apuntaba ya las claves de lo que su pintura iba a ser: “la reflexión cruda”, delineada con un trazo versátil, misterioso y contundente, era necesario desplegarla en imágenes sobre una tela, sobre una sutil superficie. El pensamiento, esa idea latente debía después horadarnos la piel[1] y lanzarnos a tomar una serie de actitudes frente a la existencia; unas actitudes que muchas no están exentas de ciertos componentes mágicos y religiosos[2]. Y una vez plasmada la idea sugerida, Hilario Bravo siempre ha reclamado silencio para la reflexión. En este sentido, su pintura, basada en el conocimiento y en la introspección, se ha ido alejando cada vez más de lo inmediato. Ha pretendido, a través de su oficio, de sus siluetas y de su concienzuda labor, hacernos comprender todo aquello que los libros jamás han cifrado, aquello que sólo puede aprenderse con la propia reflexión, con el acercamiento a lo sustancial. Hoy sigue aferrándose a esa posibilidad de defender el concepto que el hombre ha tenido durante siglos de la Naturaleza contra la desmesura del mundo tecnológico. Su fe se ha basado en creer para hacerlo posible: la razón pictórica, como Hilario Bravo siempre ha mantenido, está basada en sus experiencias y emociones, aunque le haya supuesto alejarse de los espectadores, con los que mantiene, en muchas ocasiones, una frágil conexión por la dificultad que entraña el desvelar sus intenciones, aunque no se pierde gracias a esos títulos que, a modo de haikus, van profundizando en sus misterios al nombrar sólo lo primordial.

Sueño del lago. 2004
162 x 130 cm
Acrílico, carboncillo y collage s/ tela
Si tuviéramos que establecer una línea entre Visiones de un chamán y Guardianes del sueño, dos extremos que encierran más de veinte años de pintura, tendríamos que entresacar todas las obsesiones que se repiten como una letanía y que han ido yuxtaponiéndose a lo largo de ese tiempo. El amor, la muerte, la magia, los sagrado, lo visible, la memoria, el desengaño… se entrecruzan en Opus Lucis, Las Cuentas de Caronte, Las puertas del sueño y Medusa y Laberinto. Todas estas exposiciones o series forman un todo, una gran maraña que configura un gran círculo cuyo cierre parece estar en la representación de estos “buscadores de sueños”, una metáfora sobre la visón interior y la realidad, sobre el alma y la naturaleza, sobre la elección que ha de tomar el ser humano para conocerse a sí mismo y lo que le rodea o simplemente despreciarlo, sobre la concreción y la ausencia. Para hilvanar esta sucesión de etapas, Hilario Bravo ha recurrido a los símbolos, bajo los que se disfraza la realidad, con los que se lanzan hipótesis y con los que visualizan los pensamientos. Su pintura ha adquirido de esta forma visos antropológicos. Lo humano y sus incertidumbres, la realidad en la que está inmerso, sus anhelos y esos sueños, que nos transportan a lo sublime y nos sitúan un poco más allá del umbral de lo racional, conforman el eje sobre el que gira este final de ciclo. Los pueblos sin historia, como en muchas ocasiones se ha dicho imprudentemente, y la relación entre el sueño, la memoria y la existencia capitalizan en esta ocasión la atención del artista cacereño. Su pintura sigue teniendo ese sentido narrativo, como si de un libro se tratara, con las páginas abiertas y donde se suceden las ilustraciones[3]. Esta razón, este deseo de presentarnos las series ha hecho que su obra sea medida y armónica, sea un trabajo pensado, sin ningún descuido en las composiciones, con un color y un uso de la mancha bien estudiados y unos signos esquemáticos, a veces objetos reales pegados a la tela o el papel, que tienen como objetivo trasmitir o bien actitudes contemplativas o poéticas o bien plasmar la angustia y el desgarro del hombre contemporáneo[4].

Sueño del búho sabio. 2002
116 x 95 cm
Acrílico, carboncillo y collage s/ tela
Así, ninguna dicha, ningún desarrollo de las capacidades del hombre, ningún poder verdadero puede hacerse realidad sin haberse soñado antes. Este principio que rigió la cultura nohave y nos fue contada en 1925 por Alfred Louis Kroeber, en Handbook of the Indians of California, constituye el núcleo del mundo onírico de los indios americanos y parece un punto de apoyo para la concepción de los guerreros de Hilario Bravo. Atrapar los sueños no sólo es conservar aquellas imágenes que nos proporcionan felicidad, sino también entraña el que las pesadillas desaparezcan con los primeros rayos del día. El sueño no es más que un instrumento entre el Gran Espíritu y los hombres, una herramienta que es determinante en el equilibrio y hace de hilo conductor para que los deseos se cumplan. Con este objetivo los indios americanos idearon el asubakatchin, un artilugio mágico capaz de atrapar los deseos del alma. Y para llegar a esos deseos, Hilario Bravo escribía en su Cuaderno de Roma que es necesario toda una vida, aunque sea sólo para aproximarnos de manera tangencial a sus misterios[5]. La idea, los sueños, el lenguaje, su comprensión e incomprensión… son elementos esenciales para nuestra existencia. Los miedos y la libertad tienen distintos recorridos y son intemporales, e Hilario Bravo y la cultura amerindia coinciden en esta argumentación, en saber que unos pensamientos deben guardarse y otros desecharse: en la vida existen diferentes momentos y a cada uno le corresponde una fuerza que orienta correcta o incorrectamente al hombre en tránsito, ayudando u obstaculizando la armonía con su entorno.

Sueño de la ventisca. 2003
146 x 114 cm
Acrílico, carboncillo y collage s/ tela
Los cuadros que conforman esta serie, indudablemente, tienen un discurso que, quizá, parte de la sagacidad de un sabio anciano, llamado Iktomi y perteneciente a la tribu Lakota, que se retiró a la cima más alta de las montañas y donde tuvo una visión en la que aparecía una araña tejiendo su tela para mostrarle cómo deben interpretarse los ciclos de la vida y cómo estos deben canalizar las fuerzas que a largo de nuestra existencia guían nuestros deseos. El viejo indio, chamán, e Hilario Bravo, artista que nos transmite el pensamiento mágico, nos reordenan ciertos vestigios; uno lo hace a través de aquel “buscador de sueños” que le proporcionó la araña y otro en un espacio donde se relaciona lo sagrado y el orden natural: la forma, la materia, el número y la palabra determinan en cierta medida la condición de la existencia humana. Una existencia palpable en los cuadros de la serie, pero donde se perfila un horizonte incierto. Sus obras son el punto exacto en el que se gestan los acontecimientos. Son, a la vez, la presencia de esa existencia y la propia ausencia, la presencia de aquello que no vemos, y las imágenes ciertas de esos Guardianes del sueño.

Guardián, XI. 2006
40 x 30 cm
Infografía
Parece que Hilario Bravo, fiel a los tiempos que vive, ve que el hombre contemporáneo, demasiado influido por la ciencia, piensa que se debería creer en lo que sólo puede verse, pero en realidad esa misma ciencia ha llegado a ver lo que creen sus propios presupuestos apriorísticos, aquello que debe ser visto, trastocando el término de objetividad en favor de la subjetivad, en aquello que se quiere ver[6]. Así, en medio de esta paradoja, toda la serie gira en torno al sueño, pero como un proceso vivo que tiene un fin claro: los sueños y las visiones, como apunta Roger Bastide en El sueño, el trance y la locura, se entrelazan con el mito, con las ficciones personales y las coerciones colectivas, con los elementos que configuran una cultura… Y por ello han de atraparse, para poder tener futuro. De ahí que Hilario Bravo dibuje sombras, la otra cara del alma, el alter ego, lo que permanece apegado a la tierra, debajo de ella y sin luz, o coloque diferentes tocados que, dependiendo del ciclo vital y de su forma, nos indican el apego a lo terrenal o el despegue a lo celestial. También recurre al escudo como representación del universo, a las semillas y a los atributos femeninos como signos de continuidad, a la mancha que cubre deliberadamente y tapa la cabeza de los guardianes para lanzarlos al vacío, a la nada, o a las plumas para presentarnos el armazón del propia alma. Un conjunto de signos que nos muestran la pintura de un artista que ha sabido mantener su propio discurso, ajeno a tendencias y modas, donde la tragedia, lo sublime, la poesía, la incertidumbre… se funden en una especie de rebeldía; una postura que podríamos resumirla en la idea pitagórica de la aritmosofía [7]; esto es, en dotar a sus trazos de ciertas cualidades que cambian las formas más elementales en símbolos, en arquetipos que se esparcen por un espacio, cuyos límites sólo los ponen los bordes de los cuadros, y no son sino el reflejo de la existencia y de su eternidad.

Los guardianes de los sueños. Catálogo. Casa Duró. Mieres, Asturias. Abril 2008


Guardián de los sueños, I. 2003
100 x 70 cm
Carboncillo sobre papel


NOTAS:
[1] BRAVO, H., “Exhuberancia de la simplicidad”, en Hilario Bravo. Dibujo, fotografías, collages, Institución Cultural El Brocense, Cáceres, 1986, s. p.

[2] BRAVO, H., “Magia, sensibilidad”, en Visiones de un chamán, Biblioteca Pública, Cáceres, 1988, s. p.

[3] FERNÁNDEZ, J. D., “Hilario Bravo: siempre me han preocupado los temas esenciales”, en Hoy, 11-II-1993.

[4] CERECEDA, M., “Mapa del infierno”, en Las cuentas de Caronte, Consejería de Cultura, Badajoz, 2000, pp. 94-99.

[5] BRAVO, H., Cuaderno de Roma, Diputación de Badajoz, Badajoz, 2002, p. 55.

[6] Véase SCHUON, F., Du divin à l’humain: Le Courrier du Livre, Paris 1981. En la versión española: De lo divino a lo humano, Olañeta,. Palma de Mallorca 2000.

[7] CASTRO GARCÍA, O., “La experiencia cultural de lo sagrado a través de la geometría: de los albores de la humanidad hasta la aritmosofía de Pitágoras”, en Pensamiento, Vol. 63, núm. 238, 2007

2005 DON QUIXOTE


Edición que fue creada en Lisboa
por el artista a petición del Centro Portugués de Serigrafía
para conmemorar el IV Centenario de la publicación
de la obra capital de Miguel de Cervantes.
   Consta de doce ejemplares diferentes entre sí,
puesto que cada uno de ellos contiene veinte ilustraciones originales.
He aquí algunas de esas páginas:






























2004 ESTELA LEX: Mural de Cervera


Estela Lex. 2004
800 x 300 cm
Cervera de Pisuerga, Palencia

Estela Lex es una pieza mural -800 x 300 cm- atacada directamente sobre el paramento, que propone el tema del equilibrio en las licitaciones, símbolo tan utilizado desde siempre por los artistas a la hora de abordar el argumento de la justicia.
Obra del arquitecto Rubén Picado, el edificio de los nuevos juzgados se halla amarrado a las rocas que dan carácter al entorno y sirven de base a la iglesia bajo la que se encuentra. El mural, por su parte, se halla en el piso superior, en la Sala de Espera, al final de la desembocadura de la escalera que da acceso a ella. 
Por un lado, su símbolo central, en su carácter polivalente, siente suya la definición de estela que ilumina, de ara oficiante, de árbol enraizado y de balanza en equilibrio, al tiempo que recuerda a la planta del edificio donde está ubicado y a un libro abierto. Dicha estela se presenta en relieve sobre el plano del muro.
Por otro lado, el tratamiento del fondo, en su juego de luz, propone una zona oscura, de inquietante torbellino nocturno en la que la estela destaca con luz propia en su camino hacia la luz y la claridad del día donde se propone la palabra Lex.

Solución del fondo a carboncillo.

CUESTIONARIO PARA UN ARTÍCULO
DE LA REVISTA SUBASTAS SIGLO XXI


¿Qué significa la pintura para usted?
 – Más que una cuestión de estética o también por la consideración moral de la estética, la pintura la he querido ver siempre como un instrumento del pensamiento. Una herramienta que sirve para comprender. De hecho podríamos decir que, más que cuadros, lo que desarrollo son algo así como reflexiones sobre los temas que en cada momento me preocupan, una especie de pizarras del pensamiento donde, por medio de símbolos y colores, se plantean preguntas, dudas... un espacio donde reflexionar.

¿Cómo nació su vocación artística?
– Si el arte es un lugar propio para el pensamiento, digamos que ese pensamiento se deja guiar por las sensaciones y los sentimientos que esas emociones dejan en nosotros. Así, mis primeras impresiones se remontan a esa edad en la que a los niños se les quedan grabadas las primeras huellas en cada uno de los cinco sentidos y en mi caso fueron el olor de la sangre en las típicas matanzas de los pueblos, la primera vez que vi el arco iris, el observar cómo caía agua sobre agua con la lluvia de primavera sobre una charca, el tacto de los canchales revestidos de líquenes, etc.
La observancia del estupor que sientes cuando ves por primera vez las cosas te guían hacia la introspección y éste creo que es el momento donde nace una vocación a la que cada cual intenta dar una respuesta, en mi caso artística.


¿Qué recuerda de sus primeros pasos en el mundo del arte?
–La rebeldía, la libertad, la pasión, es decir, la juventud. Estas cosas que nunca nos abandonan del todo, pero que en aquellos momentos eran más intensas cuanto que se desarrollaban ajenas a la experiencia e indispensables para sobrevivir a la tremenda lucha por encontrar un lugar donde ser uno mismo.


¿Qué papel ha jugado la pintura en su formación como persona?
–Visto lo dicho, la pintura es una forma de ver, de pensar, de conocer. Algo que compromete con lo que de aprovechable tiene el género humano; es una forma de ética y de moral aplicable y, por lo tanto, tremendamente necesaria en este mundo que ahora vivimos.

Acometida de la estela sobre el paramento
¿Quiénes son sus pintores favoritos? ¿Por qué? ¿El mejor entre los mejores?
–Cada maestro forma parte de una etapa del incesante y nunca terminado aprendizaje y ello determina las etapas del conocimiento de las cosas. Es un proceso.
Así, cuando crees haber llegado al final de una etapa surge una nueva. Pero, aún así, llega un momento en el que se vuelve atrás porque el nuevo estado de percepción al que uno pueda llegar te hace ver cosas que antes pasaron inadvertidas. El conocimiento del arte es un continuun sin final. No obstante, en el carácter de cada artista existen unos rasgos que determinan su afinidad a ciertas corrientes. En mi caso, siempre me han interesado aquellos maestros en los que es más patente su  inclinación al sentimiento antropológico de la vida. Por citar algún ejemplo hablaría de esta corriente que podrían formar Giotto, Rembrandt, Goya, Beuys...


¿Cómo definiría su estilo pictórico?
–Lo definiría muy difícilmente. Pero, puedo decir que se interesa por el símbolo y por la escritura como elementos significantes y por la poética y la cosmogonía como temario.


¿Cree que se le puede incluir dentro de alguna corriente determinada?
–Algunas veces me preocupa la escasa perspectiva que da el tiempo de una vida o la dificultad que supone el distanciamiento sobre mi propia obra para contestar a una pregunta así. Es, creo, de un romanticismo radical y muy antropológico.


¿Qué corrientes pictóricas le han influido a lo largo de su trayectoria?
–Surgiendo de una actitud dadá y surrealista –muy de adolescente— inmediatamente me sumergí en un talante expresionista. Como se puede ver, todos ellos movimientos muy románticos... una vez despojado del romanticismo esa insensata ñoñería con la que, tan a menudo, se la suele revestir.


¿Cambiaría algo en su trayectoria pictórica? ¿Cómo ve su propia evolución?
–Todos y cada uno de los pasos del pasado son los que nos conforman como las personas que somos en el presente. Nada cambiaría en mi trayectoria, porque nació de aquel interés por observar las cosas y así se ha mantenido hasta ahora; si bien, es cierto que cada uno de los momentos que conforman esa evolución ha estado iluminado por todos y cada uno de los artistas y movimientos ya nombrados.


Solución del fondo derecho
¿Cómo definiría el momento actual de su producción artística? ¿Hacia dónde dirige hoy su obra?
–En cuanto al presente, y por lo mismo, los pasos que en estos momentos estoy dando sé que me llevan hacia un pintura eminentemente reflexiva, como siempre lo ha sido, pero ahora con un sesgo de calma, lujo y voluptuosidad, como en el verso de Baudelaire. Es un momento de entusiasmo en el que siento que la pintura –ese elemento tan caprichoso y escurridizo— comienza a interesarse por uno y hasta se vuelve dúctil y amable.


¿Qué pretende transmitir en sus cuadros?
–A veces pienso que dejar un reguero de cuadros pintados es una especie de ejercicio de vana inmortalidad; algo así como ir dejando huellas de que cada uno de nosotros ha existido. A fin de cuentas, todo lo que yo desee transmitir, en esencia, no se diferencia en nada de las preocupaciones, sentimientos, desvelos e inquietudes de quienes nos precedieron, artistas o no. Quizás cada una de las épocas tenga un ligero rebrote puramente temporal. En mi caso, todo esto está justificado por la obsesión por el signo, el símbolo y la escritura, que, a fin de cuentas, no dejan de ser elementos para una narración del presente fugaz.


¿Qué le gustaría transmitir con sus cuadros?
–Ajustados a este presente me gustaría transmitir una mayor fe en el género humano. No entiendo porqué hay tanta gente empeñada en desmentirme, en desmentirnos.

Vista exterior diurna
¿Qué le gustaría que dijeran de usted los críticos del mañana?
–Creo que todos, cada uno en su medida, estamos haciendo eso que llamamos historia. Mejor o peor, buena o mala, pero historia y aunque ésta sea cotidiana. Me gustaría que hablaran de alguien que aprendió algo del pasado para transmitirlo de una forma personal a ese mañana.


¿Hay algo de autobiográfico en sus cuadros?
–Es evidente que toda obra es autobiográfica aunque sólo sea por la caligrafía. Y, como decía antes, si bien todos lo intentamos a nuestra manera, nos preocupan las mismas cosas. Siempre se habla de los mismos problemas, de ahí que haya algunos autores que hablen de que la evolución del arte es una forma de espiral que se extiende elípticamente sobre un mismo centro.


Vista exterior nocturna
¿Qué papel juegan la luz, el color y las formas en su obra?
–El problema primordial de la luz es una de las mayores preocupaciones; esa luz, tanto física como interior, a la que quise dar respuesta en la serie de obras que llamé Opus Lucis y que se mostraron en lugares de culto –iglesia visigótica de Santa Lucía del Trampal, sacristía del Monasterio de Yuste, la Cripta de Santa Eulalia, de Mérida etc.—y que tanto aprendí a valorar en Roma.
Allí, aunque parezca una verdad de Perogrullo, me di realmente cuenta de que la luz necesita de la oscuridad y al contrario, porque son indisociables y que ellas son las progenitoras del color y las formas. Ahora bien, en esa escala que va de la luz a la oscuridad, el color, en mi obra, se sitúa lejos de la luz refulgente, siempre irritante.


¿Qué opinión le merece el panorama actual de la pintura en España?
–A veces uno duda que realmente se esté haciendo pintura en España dadas las legiones que se han pasado a los placeres de la fotografía digital –que yo practico en la intimidad— y al instalache de cachivaches, que ya desarrollé en mi época de aprendizaje, allá por los setenta.
Aún así, y pese a los agoreros mediáticos que nunca han sabido realmente qué significa la pintura, se están haciendo cosas buenas. Tal vez haya que escarbar un poco más, pero las hay.


¿Qué nivel de aceptación percibe en el espectador actual con respecto al arte contemporáneo?
–Siempre he dicho, con Picasso, que el chino se aprende. Todos tenemos sensibilidad, pero el arte requiere de un algo más. Es cierto que últimamente estamos asistiendo a una mayor divulgación, aunque todavía siga siendo poca y no siempre acertada, porque el arte, al igual que la ciencia, siempre va un poquito por delante en sus inquietudes e investigaciones.

Estela Lex. 2004
800 x 300 cm
Cervera de Pisuerga, Palencia