miércoles, 20 de noviembre de 2013

2012 LA DANZA


Hawaiian dance, III. 2012
40 x 30 cm.

Quien no sabe bailar dice que los tambores no valen para nada.
   Proverbio ghanés

Bajo el impulso de la alegría el hombre gritó, su grito se concretó en palabras, éstas fueron moduladas en canto, luego imperceptiblemente se fue moviendo sobre el canto, hasta que de pronto tradujo en el baile la alegría de la vida.
   Confucio


Dança das estrelas, V. 2012
40 x 30 cm.
Danzar es sentir, sentir es sufrir, sufrir es amar; Usted ama, sufre y siente. ¡Usted danza!
   ***
La danza no es sólo transmisión de una técnica sino también de un impulso vital profundo.
   ***
Nací a la orilla del mar. Mi primera idea del movimiento y de la danza me ha venido seguramente del ritmo de las olas...
   ***
Si pudiera decirte lo que se siente, no valdría la pena bailarlo.

   Isadora Duncan


Dance des voiles, III. 2012
40 x 30 cm.


La danza de la taupo (virgen) es grave, lejana, hermosa. Se requiere que ella conserve una expresión rígida, soñadora e impasible, de infinita altivez y arrogancia. La única alternativa permitida en esta expresión son una serie de gestos de naturaleza más bien impúdica que cómica, cuyo atractivo principal deriva del fuerte contraste que presentan con la habitual seriedad.
***
Las exhibiciones de danzas formales constituyen un reconocido entretenimiento social, y la máxima cortesía que pueda hacer un jefe a su visitante es que la taupo baile para él.

   Margaret Mead
   Adolescencia, sexo y cultura en Samoa


Hawaiian dance, II. 2012
40 x 30 cm.

La danza no está en el paso, sino en lo que hay entre paso y paso.
   Antonio Gades.

La danza es un armonioso deslizarse subordinado a la música y el éxtasis.
   Stéphane Mallarme

La danza es la metamorfosis en acción.
   Paul Valéry

Danza es todo aquello que el ser humano es capaz de hacer musicalmente con cualquier parte de su cuerpo.
   Karlheinz Stockhausen

La danza debe dar la idea de una ligereza y una soltura incorpóreas, por así decirlo. El efecto de las bellas artes tiene como único mérito lo que todas éstas deben tener como fin, el de hacer imaginar almas por medio de cuerpos.
   Joseph Joubert

Ballo del volo, V. 2012
40 x 30 cm.

El movimiento no miente.
   ***
Dance is the hidden language of the soul.
La danza es el lenguaje escondido del alma.
   Martha Graham

The dance is a poem of which each movement is a word.
La danza es un poema en el que cada movimiento es una palabra.
   Mata Hari


Afrikanische tanz, IV. 2012
40 x 30 cm.


Cada día en el que no hayamos danzado al menos una vez es un día perdido.
   ***
Yo creería solamente en un Dios que supiese bailar.
   Friedrich Nietzsche

Every day brings a chance for you to draw in a breath, kick off your shoes, and dance. Cada día ofrece una oportunidad para que respires, te descalces, y bailes.
   Oprah Winfrey


Danza, XVI. 2012
51 x 36 cm.

La danza es un ritmo mudo, es la música visible.
   Téophile Gautier

Todo el Universo tiene ritmo. Todo danza.
   Maya Angelou

El sitio de la danza está en las casas, en las calles, en la vida.
   Maurice Béjart

De todas la artes, la danza es la única capaz de acercarnos a lo cósmico.
   Marta Bercy


Danza, VI. 2012
51 x 36 cm.

Vive como si fueras a morir mañana, trabaja como si no necesitaras el dinero, baila como si nadie estuviera mirando.
    Bob Fosse

Crea una danza en una forma nueva, jamás antes usada, que posea contenido en cada instante, en cada dibujo.
   George Balanchine

Bailar es como el sexo: una vez casi tuve un orgasmo.
   Janet Jackson

Danza, XXVI. 2012
51 x 36 cm.

  





2012 ICARIA

ENLACES INTERESANTES:
VÍDEO de pintura mural
VÍDEO entrevista
INFOENPUNTO
ARTÍCULO el Periódico
ARTÍCULO Hoy


Viaje a Icaria
María Jesús Teixidó Domínguez
La copa de Dionisos, IV y V
22 X 16 cm. c/u.
Técnica mixta sobre papel
           Hilario Bravo nos invita a viajar en su última exposición hasta la mitológica IcariaEsta isla mediterránea, que toma su nombre de Ícaro, hijo de Dédalo, fue cuna de Tepsis, padre de la tragedia griega, hecho que la conecta necesariamente con Dionisos, dios del teatro, pero también de la desinhibición del vino, del placer y del impulso. Así, Icaria trata de arrancarnos por un momento de la –no siempre amable— realidad, a través de una seductora propuesta estética. 
Icaria constituye el escenario de una completa bacanal presidida por Baco/Dionisos, en la que no faltan ménades, músicos, bacantes, sátiros concentrados en buscar a su presa amante, uvas con las que confeccionar el líquido elemento –vino, cuál si no— y copas cargadas de conceptos donde servirlo. En el paraíso terrenal confeccionado por el artista, encontramos una fuerza desgarradora que atrae al espectador hacia el placer de lo sensual y la fuerza de lo matérico.
 La embriaguez de esta atmósfera aparece plasmada en dos potentes lienzos, completados por ocho series de ocho piezas cada una (Dionisos, Música, Ménades danzantes, Bacantes, Celebración, Sátiros ebrios, Copas, Uvas), que juntas conforman una unidad pero, de la misma manera, por sí mismas gozan de sentido pleno.  
En el gran formato apreciamos un Hilario Bravo de lenguaje más personal, simbólico y críptico, pero sin perder la referencia de la naturaleza que le rodea. El añorado estío se muestra como protagonista indiscutible: el sol, el río, las ondas de agua, el chamizo que proporciona la ansiada sombra y, sobre todo, el potente y cálido naranja que armoniza sendos lienzos, son elementos que nos transportan a la canícula, en la que tenemos la excusa perfecta para arrojarnos a los brazos del dejar pasar, con sosiego y sin remordimiento.
En Tierra de Barros la sangre y el vino se convierten en uno, a modo de transfiguración pagana, en la que el jugo de la uva se manifiesta como hilo conductor de la catarsis, tan presente ahora como en la Grecia Clásica. No podemos obviar la presencia del chamizo, que recorre el lienzo longitudinalmente a modo de río matérico, con el que Hilario da un salto a la tridimensionalidad, en un esfuerzo por conectarnos con la naturaleza y lo telúrico. 
En Icaria, lienzo que da nombre a la exposición, irrumpe con presencia el racimo de uvas, cargado de conceptos (ceremonia, rito, canto) de los que serán partícipes aquellos elegidos que beban del líquido que de él se extrae. Es la clave de la evasión, aquella que recogió sin igual el poeta simbolista Charles Baudelaire en sus Flores del mal: “Te llaman en auxilio de su aulladora fiebre./¡Oh Baco, que adormeces todas las inquietudes!”
Muy al contrario, las series de dibujos y collages, nos muestran un trazo más enérgico, transmisor de la libertad que proporciona el lápiz. Las líneas y las sombras del papel nos desvelan un Hilario más impulsivo, desinhibido y contundente, quizá imbuido por una libertad embriagadora. Estas series están organizadas de forma lineal, representando en cada una de ellas un momento significativo de la bacanal. Primero las Portadoras preparan el vino, al ritmo de La música, ambos representados de forma esquemática, algo matissiana, cuyos bosquejos se completan con elementos preciosos, dorados y plateados, propios de este ambiente de lujo y el placer. Mientras, las  Ménades, sensuales y dinámicas, continúan con el estilo anterior, cuyos  voluptuosos cuerpos son moldeados por esos papeles pegados.
De las Uvas se extrae el líquido del ritual dionisiaco. Y nuevamente aparece el fruto cargado de conceptos sensuales y placenteros, que una vez transformados en vino reposarán en las Copas. Copas convertidas en cálices paganos, receptores de su fuerza conceptual. Hilario Bravo ha elegido para sendas series el collage como medio expresivo, rápido y directo: papeles rasgados y colocados al azar en algunos ejemplos, mientras que en otros se vislumbra una meticulosa disposición, logrando en ambos casos un impactante y sensual efecto. Las Uvas, irónicas, sinceras y directas, casan a la perfección, como no podía ser de otra manera, con su natural receptor, del que los participantes en la bacanal deben beber.

Los sátiros ebrios, adentrados en el ceremonial, muestran un evidente cambio de factura, con un dibujo más académico. Sus rostros están definidos por la sanguina, color que armoniza toda la serie, de cuyos trazos surge la mirada penetrante y rictus más grave de estos personajes mitológicos, algo grotescos pero a la vez cautivadores.
En Icaria queda plasmado el ritual hedonista en estado puro. Cada cual decida si participar o no…

 Un mantra de vida
Marina Bargón

Bacantes VI y IV
22 X 16 cm. c/u.
Técnica mixta sobre papel
            Roma. Dos de la tarde. Una botella de vino se descorcha y comienza el ritual: el líquido paradisíaco nos brinda todo un mundo de posibilidades ya descubiertas en tiempos ancestrales cuando los antiguos romanos, herederos del mundo griego, bebían vino sobre aquellas mismas piedras. Tras el primer sorbo los ojos se vuelven más brillantes y un resplandor en la mirada nos desvela que el autor de esta exposición, sentado entonces en nuestra mesa, acaba de ser tocado por las musas. El poderoso vino ha empezado a desnudar la maravillosa mente de Hilario Bravo.
Será pasado el tiempo, ahora, cuando me encuentro ante una serie dedicada en exclusiva al dios vino; al dios Baco. Y será en esta muestra donde podamos iniciarnos estéticamente en los ancestrales rituales de la religión báquica, tratada anteriormente por grandes artistas como Miguel Ángel, Caravaggio o Velázquez entre otros.
El primer paso de nuestra bacanal será el cultivo de Las Uvas, fruto que ha simbolizado tradicionalmente el oro y el poder en relación con la sociedad. Para su representación el artista selecciona la técnica del collage con papeles mates y plateados e inserta grupos de tres palabras en el interior del racimo. Al unir las tres palabras encontramos pequeñas historias–sentimientos, como si de haikus corporales se tratasen. La inspiración llega de la mano de una de las grandes pasiones de Hilario, la poesía, aunque también de sentimientos encontrados en situaciones casi mágicas en las que el vino es esencial. La Nochevieja sería uno de estos trances (el año empieza y acaba al unísono) y nuestros deseos se elevan al tragar las doce uvas. Así, en esta serie veremos representados los doce frutos con las tres palabras como simbología del deseo espiritual que el hombre deposita en torno al vino.
El ritual continúa y es hora de La celebración del Vino: la recolecta, la vendimia, el traslado, el escanciado, el disfrute de una o más copas… Será en esta serie en la que encontremos lo denominado comúnmente como “las fases del alcohol”, cuando en última instancia todo se torna en risas, brindis y juegos casi malignos, representados por nuestra amiga la serpiente en una de las escenas. No podemos dejar pasar cómo Hilario encuentra la sensualidad en el cuerpo de la mujer y en el propio cuerpo del vino (en tono rojo) como la unión perfecta, ya sea como líquido embriagador o como manto que soporta y enriquece diferentes situaciones de nuestra vida.
La Música y La Danza son, también, una parte importante del ceremonial. Desde la antigüedad son utilizadas para entrar en trance y llegar a la posibilidad de poder hacerlo todo, de ser otra persona, de experimentar el poder supremo de la imaginación. Será mediante los movimientos sensuales y la síntesis de instrumentos antiguos la forma en la que el artista represente, en estas dos series, la ascensión espiritual que libera al hombre de sus cadenas. Pero si en torno al vino encontramos más elementos la diversión se multiplica. Las Bacantes se encargan de ofrecernos diferentes manjares que alegrarán cada vez más la celebración báquica. Fruta, animales (el tierno borreguito que irá a la ceremonia pero no volverá) y ánforas repletas de más bebida consolidarán los festejos que ya en la antigüedad provocaron prohibiciones (Senatus consultum de Bacchanalibus) que jamás pudieron reprimir. Esta actividad entronca directamente con la que desempeñamos cada Carnaval, ya que las bacanales expresan la desinhibición del individuo, algo que en todas las culturas sucede. Por eso en esta serie podemos encontrar elementos egipcios (el buey Apis con el disco solar) o de la antigüedad grecorromana (portadoras que apoyan sus utensilios en la cabeza). Las relaciones directas con las antiguas culturas son una constante en esta exposición. La presencia cristiana se encuentra representada en Las copas de Dionisos, en donde el vino es un elemento de unión con Dios y parte directa del ritual: representa la sangre de la vida. La forma de estos cálices simboliza un recorrido espiritual que el individuo transita, en muchas ocasiones sin ser consciente. Para el artista algunos de estos momentos claves son los juegos y las emociones sentidas en torno a la rayuela (estructura fascinante para Hilario) y, más directamente relacionados con los cálices, las plantas basilicales de las iglesias cristianas. En cualquier caso, cualquiera de estos recorridos (emocionales y espirituales) quedan definidos por el artista en conceptos tales como luz, fraternidad, fatiga, sol, sangre y sudor.
Ya se sabe que, llegados a este punto, el alcohol debería haber hecho sus efectos. Y a los Sátiros ebrios también. Esta serie es especialmente interesante ya que está compuesta por los personajes  Marsias, Sileno, Atreo, Marón y Ampelo. El autor confiesa que primero realizó los trazos y después conformó los rasgos de los rostros. En realidad supone un Oda a la Historia del Arte compuesta por guiños a la Edad del Oro, al cubismo, y a grandes artistas como Rubens o Tiziano.
Dionisos hace entrada al concluir nuestra bacanal. Nos muestra sus múltiples caras siempre tocado con sus coronas, fortaleciendo su imagen de dios. En sus caras vemos todo tipo de conceptos, especialmente importantes para el autor, que conforman un mantra de vida. Principio y fin, alfa y omega, ser y no ser… la dualidad es una constante en la vida misma. Nada es verdadero, nada es eterno y sin embargo, tal y como cita Platón,… en el vino está la verdad.


Hilario Bravo: Icaria o la seducción afirmativa
Miguel Fernández Campón

Dionisos, II y VII 22 X 16 cm. c/u.
Técnica mixta sobre papel

Hilario Bravo ha terminado por disolver, en el vino, la pantalla del ser. Si constatamos, ante nosotros, que hay un lenguaje que habla, desde este lado el artista nos comunica: habla y existe porque así lo quise. Así quise que aconteciera la apariencia. Esto es lo que nos ofrece la sonrisa de Dionisos. Un pensamiento aparece de modo discreto, casi como un silencio. Es un pensamiento propio de todo aquello que no puede ser tomado con seriedad. En esta serie, la grafía informal de Hilario Bravo podría haber dibujado las siguientes palabras de Nietzsche: “El placer –es más profundo que el sufrimiento. (…) todo placer quiere eternidad”[1].
Dos lienzos de grandes dimensiones nos indican la proximidad hacia zonas de una sacralidad inmanente. Los signos, el diagrama, la materia flotan sobre una tierra confeccionada de mito, en el goce de traspasar la sangre hacia territorios donde lo indiscernible nos saluda. Las dos grandes pinturas son hitos, puertas, por las que entramos al mundo de lo idéntico, ahora reinterpretado en escenarios de diferencia y energía. El vino inicia, como una nada incompleta, lo afortunado del evento. Hilario Bravo crea, en estas obras, y en especial en las diferentes series de dibujos de reducidas dimensiones, pequeños espacios de transitoriedad, pequeñas estancias de un aquí y ahora distendido y transformador.
Las tonalidades y texturas del papel utilizado como fondo y soporte del diseño inician un diálogo con la existencia como provisionalidad. Lo que contiene no es. Dionisos hace desplomarse el ser hacia el horizonte. Nosotros nombramos las islas hacia un archipiélago, desde la ebriedad. El resultado son pequeñas piezas de una musicalidad povera[2], en series que interpretan lo dionisiaco desde la estetización de la apariencia. Todo adquiere en los collages el tener tiempo de la degustación, el diferir como improductividad y placer.
Los dibujos se organizan por series temáticas (Música, Danza, Bacantes, Celebración, Sátiros ebrios, La copa de Dionisos, Uvas, Dionisos). Cada una de ellas mira desde un ritmo o acontecer plástico. En todas existe un predominio de lo casual, una luz diluida, el trazo como mímica incompleta, la tachadura como herida del ser, los emborronamientos que lo disuelven. Las capas de las ménades se tejen a partir de garabatos de clarividencia, los cuerpos se trazan con el grafito de lo eventual, con la tiza inocente del acontecimiento. La naturaleza, el agua y su fluir, son más reales dentro de un esquema. Igual que Hans Arp cortaba con las manos el papel para dejarlo caer sobre una superficie, y componer así su obra con las leyes del azar, Hilario Bravo, troceando el color, recrea, desde la no intencionalidad de las formas, figuras en positivo, en negativo, licuadas hacia una plasticidad semejante a los gouaches recortados de Matisse[3].  Hay, como en algunos bodegones de Juan Gris[4], un dibujo de copas que se emancipa del color, a las que se añade la tactilidad adquirida del concepto. Hilario Bravo sabe que el recipiente que contiene la embriaguez pertenece a un territorio anónimo de lo inacabado. Todo se abre hacia desajustes poéticos: miramos la máscara como a una seducción afirmativa. Hay anversos y reversos de escritura y carácter, de presencia y de huella, del placer–dolor y de la muerte–vida. En las uvas (círculos pre-formales que se agrupan en un racimo como sumas imposibles del cero), bodegones de esencia debilitada, compuestas con fragmentos de un todo a la deriva, se inscriben letras que forman palabras. Tras su recolecta (reunión) en otra serie, el artista nos habla: sólo en la retórica del vino podemos intuir el sentido, aquello que afirmamos, nuestro decir sí, en un reunir abierto, en la materia poética de lo diseminado. 
Quizá debamos pensar en el informalismo de los signos y trazos como una desaparición última de nuestros objetos de deseo. “En última instancia, lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado”[5]. Hilario Bravo suspende un inicio de claridad, un afecto puro, una ontología estética que funciona como construcción de una escena donde la vida, más que soportarse, puede vivirse. No hay esencia que sufrir, sino apariencia que vivir en la tragedia. Dionisos no es aquí la crudeza de la vida, sino la creación de un teatro de soportabilidad[6]. El cortejo de Dionisos ha terminado por arrasar, bajo la austeridad incontenible de lo desbordante, todo lo que se instituye como fundamento y como verdad, indicándonos otro comienzo, otro modo de pensar–vivir, en una levedad embellecida en la que siempre, en definitiva, hemos residido.


[1] NIETZSCHE, FRIEDRICH: Así habló Zaratustra. Alianza Editorial, Madrid, 2006, p. 318.
[2] FERNÁNDEZ POLANCO, AURORA: Arte povera. Editorial Nerea, San Sebastián, 2003.
[3] SOLANA, GUILLERMO; PULVENIS DE SÉLIGNY, M.-T.; MATISSE, HENRI, Matisse: espíritu y sentido. Obra sobre papel. Fundación Juan March, Madrid, 2001, p. 92.
[4] JIMÉNEZ-BLANCO, MARÍA DOLORES: Juan Gris. Sociedad Editorial Electa España, Madrid, 1999, p. 30. 
[5] NIETZSCHE, FRIEDRICH: Más Allá del bien y del mal. Alianza Editorial, Madrid, 2007, p. 120.
[6] SLOTERDIJK, PETER: El pensador en escena. El materialismo de Nietzsche. Pre-Textos, Valencia, 2000, pp. 71-72.
 
El paisaje de Icaria
Pedro Plasencia Lozano

Racimo, IV y V
22 X 16 cm. c/u.
Técnica mixta sobre papel
            Decía Dalí que quien sabe degustar no bebe jamás el vino, sino que degusta secretos. Secretos degustados, visiones íntimas, pequeños sorbos de cobre, ceras, sanguina, lápiz o letraset, es lo que nos muestra Hilario Bravo en esta isla de Icaria vista a golpe de catalejo furtivo, de monóculo indiscreto, quizá desde otra isla, quizá desde un barco perdido en el Mediterráneo.
La mirada de Hilario, siempre alerta a lo erótico y a lo mitológico, nos descubre en esta isla un compendio de seres y objetos definidos con trazos primitivos e imaginativos sobre el papel, pese al papel, junto al papel, desde el papel o sin el papel –como esa bocca della verità del dibujo de uno de los Sátiros, que nos dirige al adagio latino in vino veritas—. Y quizá en el dibujo, en la miniatura, en la pura simplificación de la representación, sea donde encontremos la honestidad del artista, sin espacios para la trampa, sin resquicios formales en los que esconderse, sin más interpretación que la definida por un primer golpe de vista. La natural honestidad, también, de unas figuras desinhibidas captadas en la acción inmediata del disfrute, ambientadas por una Música que el artista disfraza de puntos y serpentinas amarillas. Mas estas miniaturas povera, fotogramas de una procesión festiva sin fin ni principio, nos remiten no sólo a lo festivo, a lo instintivo o a lo banal, sino también al esperar, al transcurrir, al comprender. Frente a la inmediatez de la uva, la fermentación del mosto, el recorrido temporal y la secuencialidad, acaso el más humano de los conceptos, concretado en las series Celebración y Bacantes, juegos en rojo vivo que nos remiten al óxido de hierro, a la sangre, a los ladrillos de las cúpulas de esta Sala Croma, a Altamira. 
Junto a las tablillas, báquicos perfiles de la Icaria facebookiana, los cuadros de gran formato nos definen la cartografía de las escenas representadas. Ya dice Michael Jakob que "un jardín nunca puede ser aprehendido de un solo golpe de vista, a la manera de un cuadro. Ninguna imagen o representación podrá contener la totalidad-jardín; ninguna podrá ser exhaustiva o verdaderamente representativa"[1]. De ahí que ambas realidades –el contexto y el objeto de Benjamin—, separadas de facto por sus formatos, nos den por suma la realidad expositiva, el jardín mediterráneo doméstico y abierto en que se ubica Icaria. Un jardín, de nuevo, que destila formas arquetípicas de la pintura paisajística de Hilario: ríos de flujo vivo y trazo alegre, árboles esquematizados en tronco y copa que eliminan sus raíces en un acto naïf y etéreo, y un telón configurado a base de gradaciones múltiples y difusas de una misma gama, cálida y terrosa, exudación mediterránea inmarcesible. Junto a ellos, el cañizo como elemento superpuesto y perturbador, añadiendo la textura de lo seco y también de lo humano, que nosotros identificamos con el camino artificial frente al natural itinerario de los arroyos –¿habría vías de ferrocarril en Icaria, al igual que las había en la Venecia del XVII imaginada por Carpentier? —. Un camino que nos lleva del inicio al destino, de la A a la X –¿sería Icaria, por ventura, la isla de Stevenson? —, del fruto al néctar, del vino a la sangre, del paisaje a las figuras, de las figuras a las ánforas en que quizá tiempo atrás estuvieron insertadas, de esas ánforas a la arcilla, de la arcilla al barro y de ahí a la tierra. Y en la tierra, de nuevo un camino –¿no son, acaso, losetas de las calzadas de Icaria, los lienzos que acogen a las Copas, a las Danzadoras o a las Cabezas? —.
Así se nos muestra el universo creado por Hilario Bravo, un mundo construido con trazos, técnicas y simbologías nítidamente personales que captura el genius loci mediterráneo y lo traslada frente a nosotros a modo de pequeños frutos, partes de un racimo cuya suma trasciende su forma y destila palabras como amor, alba, perfume, pan, besos, gozo: collage explícito de letras, síntesis cultural de nuestro dialogar entre los mitos.
...y las Uvas, que son esféricas. 


[1]JakobMichaelEl jardín y la representación. Pintura, cine y fotografía, Siruela, Madrid, 2010, p.12.

2011 LA PLUMA Y EL ESPINO

EDICIÓN CONMEMORATIVA
I CENTENARIO
CAROLINA CORONADO



Interior del libro
31,5 x 21,5 cm
PVP.: 20 € ejemplar + carpeta
hbravo55@yahoo.es




















Relación de poemas recogidos en la presente edición:

AMOR
¡Oh, cuál te adoro!
Siempre tú
Temor del mundo

ROMÁNTICOS
¡Ay!, transportad mi corazón al cielo
¿Cuál tu grandeza es? ¿Cuál es tu ciencia?
En un álbum que me presentaron cuando estaba contemplando una hermosa tarde
La luna en una ausencia
La flor del agua

COMPROMISO
A Lidia
El marido verdugo
La poetisa en un pueblo
Libertad
¡Cantad, hermosas!

NATURALEZA
A la palma
El espino
Gloria de las flores
Un paisaje

HUMORÍSTICOS
En el álbum de un pedante
En el álbum de alguien que no quería más que la firma
En el álbum de una señora que deseaba que se pusiera su nombre dentro de una octava
En el álbum de una señora que pedía versos largos y cortos
En el álbum de una señora que quería que acabasen las consonantes en ío y en ía
En un álbum donde quería que le expresara quién fue el inventor del álbum
En un álbum que llegó después de haber firmado otros cuatro aquel día
En otro



... mi pasión, mi esperanza, mi poesía.

 





















A la luna le cuento mi cuidado























¡Ay! transportad mi corazón al cielo























De las aguas enlazada, / a los hilos su raíz























¡Cuánto nuestros espíritus sufrieron!























¡Libertad! ¡ay! para el llanto























Lágrimas de entusiasmo agradecidas























Alza gallarda tu cabeza al viento






















y en el espino mis lágrimas























... muere la flor del jardín























Despacio, pintor, despacio























Que le den otra sangría



2010 TEMPUS AMORIS



Por el aire volaban
romanzas sin sonido,
y en su almohada de pasos
me quedé dormido.

Gerardo Diego



Y escuchar el dulcísimo latido
con que su corazón se mueve.

Ricardo León



¿Dónde está mi amante?
mi amante querido,
¿en dónde estará?

Rafael Alberti



Los dos, uno sólo éramos:
uno el corazón latía...
uno sólo nuestro aliento.

Ángel Ganivet


¡Ay, amor,
perjuro, falso, traidor!

López Maldonado


Porque sus ojos son flechas,
que al corazón van derechas,
como al blanco donde tira.

Baltasar de Alcázar


¿Para cuándo el sol
en el corazón?

Aziz Al-Hababi


Caricia por caricia,
abrazo por volcán.

Pedro Salinas















Y el corazón enemigo
de lo que la vida quiere
ni halla vida, ni muere,
ni queda, ni va conmigo.

Jorge Manrique















Si la noche hace escura
y tan corto es el camino,
¿cómo no venís, amigo?

Anónimo















Tu amor—¡qué alegre!—
riega sus rosas en mi corazón.

Juan Ramón Jiménez















Mucho pica el sol
con flechas de fuego;
más pica el amor,
que hiere más recio.

Balvas Barona















¡Tanto amare, tanto amare,
habib, tanto amare!
Enfermeron olios nidios
e dolen tan male.

Jarcha mozárabe















Yendo y viniendo
vóime enamorando:
una vez riendo,
y otra vez llorando.

Luis Milán















Yo soñando espero
su inefable encanto;
viejo minutero,
¿por qué tardas tanto?

Emilio Carrere















Yo he caído en el fuego del amor
y las aguas de mi llanto ¡Ay,
de mi corazón por mis lágrimas y mis brasas!

Yehuda Ha-Levi

2008 GUARDIANES DE LOS SUEÑOS

BUSCADORES DE SUEÑOS

Javier Cano

Llanto por la vivión. 2002
116 x 95 cm
Acrílico, carboncillo, conté y collage s/ tela
En 1986 Hilario Bravo hacía una reflexión en uno de sus textos, Exhuberancia de la simplicidad, donde apuntaba ya las claves de lo que su pintura iba a ser: “la reflexión cruda”, delineada con un trazo versátil, misterioso y contundente, era necesario desplegarla en imágenes sobre una tela, sobre una sutil superficie. El pensamiento, esa idea latente debía después horadarnos la piel[1] y lanzarnos a tomar una serie de actitudes frente a la existencia; unas actitudes que muchas no están exentas de ciertos componentes mágicos y religiosos[2]. Y una vez plasmada la idea sugerida, Hilario Bravo siempre ha reclamado silencio para la reflexión. En este sentido, su pintura, basada en el conocimiento y en la introspección, se ha ido alejando cada vez más de lo inmediato. Ha pretendido, a través de su oficio, de sus siluetas y de su concienzuda labor, hacernos comprender todo aquello que los libros jamás han cifrado, aquello que sólo puede aprenderse con la propia reflexión, con el acercamiento a lo sustancial. Hoy sigue aferrándose a esa posibilidad de defender el concepto que el hombre ha tenido durante siglos de la Naturaleza contra la desmesura del mundo tecnológico. Su fe se ha basado en creer para hacerlo posible: la razón pictórica, como Hilario Bravo siempre ha mantenido, está basada en sus experiencias y emociones, aunque le haya supuesto alejarse de los espectadores, con los que mantiene, en muchas ocasiones, una frágil conexión por la dificultad que entraña el desvelar sus intenciones, aunque no se pierde gracias a esos títulos que, a modo de haikus, van profundizando en sus misterios al nombrar sólo lo primordial.

Sueño del lago. 2004
162 x 130 cm
Acrílico, carboncillo y collage s/ tela
Si tuviéramos que establecer una línea entre Visiones de un chamán y Guardianes del sueño, dos extremos que encierran más de veinte años de pintura, tendríamos que entresacar todas las obsesiones que se repiten como una letanía y que han ido yuxtaponiéndose a lo largo de ese tiempo. El amor, la muerte, la magia, los sagrado, lo visible, la memoria, el desengaño… se entrecruzan en Opus Lucis, Las Cuentas de Caronte, Las puertas del sueño y Medusa y Laberinto. Todas estas exposiciones o series forman un todo, una gran maraña que configura un gran círculo cuyo cierre parece estar en la representación de estos “buscadores de sueños”, una metáfora sobre la visón interior y la realidad, sobre el alma y la naturaleza, sobre la elección que ha de tomar el ser humano para conocerse a sí mismo y lo que le rodea o simplemente despreciarlo, sobre la concreción y la ausencia. Para hilvanar esta sucesión de etapas, Hilario Bravo ha recurrido a los símbolos, bajo los que se disfraza la realidad, con los que se lanzan hipótesis y con los que visualizan los pensamientos. Su pintura ha adquirido de esta forma visos antropológicos. Lo humano y sus incertidumbres, la realidad en la que está inmerso, sus anhelos y esos sueños, que nos transportan a lo sublime y nos sitúan un poco más allá del umbral de lo racional, conforman el eje sobre el que gira este final de ciclo. Los pueblos sin historia, como en muchas ocasiones se ha dicho imprudentemente, y la relación entre el sueño, la memoria y la existencia capitalizan en esta ocasión la atención del artista cacereño. Su pintura sigue teniendo ese sentido narrativo, como si de un libro se tratara, con las páginas abiertas y donde se suceden las ilustraciones[3]. Esta razón, este deseo de presentarnos las series ha hecho que su obra sea medida y armónica, sea un trabajo pensado, sin ningún descuido en las composiciones, con un color y un uso de la mancha bien estudiados y unos signos esquemáticos, a veces objetos reales pegados a la tela o el papel, que tienen como objetivo trasmitir o bien actitudes contemplativas o poéticas o bien plasmar la angustia y el desgarro del hombre contemporáneo[4].

Sueño del búho sabio. 2002
116 x 95 cm
Acrílico, carboncillo y collage s/ tela
Así, ninguna dicha, ningún desarrollo de las capacidades del hombre, ningún poder verdadero puede hacerse realidad sin haberse soñado antes. Este principio que rigió la cultura nohave y nos fue contada en 1925 por Alfred Louis Kroeber, en Handbook of the Indians of California, constituye el núcleo del mundo onírico de los indios americanos y parece un punto de apoyo para la concepción de los guerreros de Hilario Bravo. Atrapar los sueños no sólo es conservar aquellas imágenes que nos proporcionan felicidad, sino también entraña el que las pesadillas desaparezcan con los primeros rayos del día. El sueño no es más que un instrumento entre el Gran Espíritu y los hombres, una herramienta que es determinante en el equilibrio y hace de hilo conductor para que los deseos se cumplan. Con este objetivo los indios americanos idearon el asubakatchin, un artilugio mágico capaz de atrapar los deseos del alma. Y para llegar a esos deseos, Hilario Bravo escribía en su Cuaderno de Roma que es necesario toda una vida, aunque sea sólo para aproximarnos de manera tangencial a sus misterios[5]. La idea, los sueños, el lenguaje, su comprensión e incomprensión… son elementos esenciales para nuestra existencia. Los miedos y la libertad tienen distintos recorridos y son intemporales, e Hilario Bravo y la cultura amerindia coinciden en esta argumentación, en saber que unos pensamientos deben guardarse y otros desecharse: en la vida existen diferentes momentos y a cada uno le corresponde una fuerza que orienta correcta o incorrectamente al hombre en tránsito, ayudando u obstaculizando la armonía con su entorno.

Sueño de la ventisca. 2003
146 x 114 cm
Acrílico, carboncillo y collage s/ tela
Los cuadros que conforman esta serie, indudablemente, tienen un discurso que, quizá, parte de la sagacidad de un sabio anciano, llamado Iktomi y perteneciente a la tribu Lakota, que se retiró a la cima más alta de las montañas y donde tuvo una visión en la que aparecía una araña tejiendo su tela para mostrarle cómo deben interpretarse los ciclos de la vida y cómo estos deben canalizar las fuerzas que a largo de nuestra existencia guían nuestros deseos. El viejo indio, chamán, e Hilario Bravo, artista que nos transmite el pensamiento mágico, nos reordenan ciertos vestigios; uno lo hace a través de aquel “buscador de sueños” que le proporcionó la araña y otro en un espacio donde se relaciona lo sagrado y el orden natural: la forma, la materia, el número y la palabra determinan en cierta medida la condición de la existencia humana. Una existencia palpable en los cuadros de la serie, pero donde se perfila un horizonte incierto. Sus obras son el punto exacto en el que se gestan los acontecimientos. Son, a la vez, la presencia de esa existencia y la propia ausencia, la presencia de aquello que no vemos, y las imágenes ciertas de esos Guardianes del sueño.

Guardián, XI. 2006
40 x 30 cm
Infografía
Parece que Hilario Bravo, fiel a los tiempos que vive, ve que el hombre contemporáneo, demasiado influido por la ciencia, piensa que se debería creer en lo que sólo puede verse, pero en realidad esa misma ciencia ha llegado a ver lo que creen sus propios presupuestos apriorísticos, aquello que debe ser visto, trastocando el término de objetividad en favor de la subjetivad, en aquello que se quiere ver[6]. Así, en medio de esta paradoja, toda la serie gira en torno al sueño, pero como un proceso vivo que tiene un fin claro: los sueños y las visiones, como apunta Roger Bastide en El sueño, el trance y la locura, se entrelazan con el mito, con las ficciones personales y las coerciones colectivas, con los elementos que configuran una cultura… Y por ello han de atraparse, para poder tener futuro. De ahí que Hilario Bravo dibuje sombras, la otra cara del alma, el alter ego, lo que permanece apegado a la tierra, debajo de ella y sin luz, o coloque diferentes tocados que, dependiendo del ciclo vital y de su forma, nos indican el apego a lo terrenal o el despegue a lo celestial. También recurre al escudo como representación del universo, a las semillas y a los atributos femeninos como signos de continuidad, a la mancha que cubre deliberadamente y tapa la cabeza de los guardianes para lanzarlos al vacío, a la nada, o a las plumas para presentarnos el armazón del propia alma. Un conjunto de signos que nos muestran la pintura de un artista que ha sabido mantener su propio discurso, ajeno a tendencias y modas, donde la tragedia, lo sublime, la poesía, la incertidumbre… se funden en una especie de rebeldía; una postura que podríamos resumirla en la idea pitagórica de la aritmosofía [7]; esto es, en dotar a sus trazos de ciertas cualidades que cambian las formas más elementales en símbolos, en arquetipos que se esparcen por un espacio, cuyos límites sólo los ponen los bordes de los cuadros, y no son sino el reflejo de la existencia y de su eternidad.

Los guardianes de los sueños. Catálogo. Casa Duró. Mieres, Asturias. Abril 2008


Guardián de los sueños, I. 2003
100 x 70 cm
Carboncillo sobre papel


NOTAS:
[1] BRAVO, H., “Exhuberancia de la simplicidad”, en Hilario Bravo. Dibujo, fotografías, collages, Institución Cultural El Brocense, Cáceres, 1986, s. p.

[2] BRAVO, H., “Magia, sensibilidad”, en Visiones de un chamán, Biblioteca Pública, Cáceres, 1988, s. p.

[3] FERNÁNDEZ, J. D., “Hilario Bravo: siempre me han preocupado los temas esenciales”, en Hoy, 11-II-1993.

[4] CERECEDA, M., “Mapa del infierno”, en Las cuentas de Caronte, Consejería de Cultura, Badajoz, 2000, pp. 94-99.

[5] BRAVO, H., Cuaderno de Roma, Diputación de Badajoz, Badajoz, 2002, p. 55.

[6] Véase SCHUON, F., Du divin à l’humain: Le Courrier du Livre, Paris 1981. En la versión española: De lo divino a lo humano, Olañeta,. Palma de Mallorca 2000.

[7] CASTRO GARCÍA, O., “La experiencia cultural de lo sagrado a través de la geometría: de los albores de la humanidad hasta la aritmosofía de Pitágoras”, en Pensamiento, Vol. 63, núm. 238, 2007