lunes, 5 de mayo de 2014

2012 FLAMENCO

"El flamenco es como nuestro blues".
Flamenco is like our blues.
Miles Davis


Flamenco, XI. 2012
(detalle /detail)
51 x 36 cm





Flamenco, XI. 2012
51 x 36 cm
   Language, in the broadest sense of the word, is the way we communicate thoughts and feelings. With art, the public needs to be actively receptive to the artist's felt reality and open to experiencing new concepts and states. Anyone acquainted with Hilario Bravo's work knows the power of his visual language. His work shows an extrasensory ability that transcends the purely descriptive and gives form to the essence of feelings.
Hilario Bravo was born in Cáceres, Spain, although his artistic career developed in the Basque country, Madrid, Berlin, Rome and Mexico, among other places. His deep knowledge of different cultures has not, however, ever made him lose sight of his roots. He is, perhaps, one of the best ambassadors of Spanish contemporary art, his artistic trajectory intertwining with figures as dissimilar as Eduardo Chillida and José Manuel Ciria.
Our need to go back to our roots is what inspires this inestimable artist, roots that speak of humility, hard work and values, although always with a very Spanish joie de vivre. Feelings that are awoken as much by the vibrating clack of dance shoes as by the echo of a hammer in a workshop, with these sounds fusing to set the stage for flamenco. Bravo's flamenco series beautifully renders the movements of this art form: the explosion of the soul into the limbs, the power of alcohol and laughter enhanced as the body enters into ecstasis, aided by the color and light of fire. Hilario's flamenco dancers trace an age-old culture in movements that will never be repeated, like a flame that never shows the same silhouette twice. Each dance movement is a unique moment the artist has captured and depicted. Strength and dance generate the movements of a culture, Spanish culture, that Hilario Bravo has depicted in the bodies of women dancing and celebrating life. 

Marina Bargón
Art historian




Flamenco XXXVI
(Detalle)

El lenguaje, en su más amplio sentido, es la manera de comunicar sentimientos y pensamientos. En el arte, es el público quien debe implicarse en la recepción de lo sentido y dejarse llevar a nuevos conceptos y estados. Quien haya visualizado alguna vez la obra de Hilario Bravo, es conocedor de su poder en la comunicación visual. Su obra presenta una capacidad extrasensorial que va más allá de lo meramente descriptivo. Es capaz de materializar la esencia de los sentimientos.
Hilario Bravo nace en Cáceres, aunque su trayectoria creativa se desarrolla entre el País Vasco, Madrid, Berlín, Roma o México, entre otros lugares. El gran conocimiento de diferentes culturas no le ha hecho perder la sensibilidad hacia su propio entorno. Es, quizás, uno de nuestros mejores embajadores dentro del Arte Contemporáneo español, habiendo estado su carrera artística unida a la de personajes tan disímiles como Eduardo Chillida o José Manuel Ciria. 
La necesidad de abrigarse en nuestras raíces es lo que inspira a este imponderable artista, unas raíces que nos hablan de humildad, trabajo y valores, pero siempre con una alegría muy española. De nosotros nacen sentimientos tanto del vibrar de unos zapatos como de la explosión del martillo en la fragua y la suma de de ellos da lugar al flamenco. Los movimientos de este arte están perfectamente representados en esta serie: la explosión del alma en las extremidades, el poder del alcohol y de la risa potenciado al entrar en éxtasis con la ayuda del color y de la luz del fuego.
 Las bailaoras de Hilario expresan la suma de diferentes culturas pasadas en giros que nunca se repetirán al igual que la llama nunca mostrará la misma silueta dos veces. Cada parte del baile es un movimiento único captado y representado por el artista. Fuerza y baile generan los movimientos de una cultura: la española, que en manos de Hilario Bravo queda representada en el cuerpo de una mujer que baila agasajando a la Vida.

Marina Bargón
Historiadora del Arte


Manila, I. 2013
Hilario Bravo
100 x 71 cm.






















HILARIO  BRAVO, La danza


Flamenco, XXXV
(Detalle)
       We always associate dance with happiness, with the pleasure of living, with satisfaction and joy. Nowadays, under this circumstances, it can sound as a social blasphemy. But dance, as all the arts, is capable of turning matter into spirit.
      Dance has something in common with happiness, but also with catharsis. In this doble order it is where serie moves over flamenco. 
      El baile siempre lo asociamos con la alegría, con el gozo de vivir, con la satisfacción y el contento, algo que, hoy por hoy y dadas las circunstancias, puede sonar a blasfemia social. Pero la danza, como todas las artes, es capaz de convertir la materia en espíritu.
      El baile tiene que ver con la alegría, pero también con la catarsis. Es en ese doble orden donde se mueve la serie sobre el flamenco.




CITAS / QUOTES

- "Para mí el flamenco es todo. Es mi vida, mi profesión, lo que me gusta."
Flamenco is everything for me. It's my life, my work, what I love.

Flamenco, XXXVIII. 2012
51 x 36 cm




















- "El flamenco siempre es un pena, el amor es un pena también. En el fondo, todo es una pena y una alegría."
Flamenco is always full of sorrow, and so is love. Basically, everything in life is both sorrowful and joyful.
***
- "El flamenco no tiene más que una escuela: transmitir o no transmitir".
Flamenco has only one school: you either transmit or you don't.
José Monge Cruz “Camarón de la Isla”

 
Mantilla, IV, 2013
Hilario Bravo
100 x 70 cm.





















- "Bailar, lo que se dice bailar, ha de ser de cintura para arriba".
Real dancing is always from the waist up.
Pastora Imperio



Flamenco, 46. 2013
Hilario Bravo
51 x 36 cm.




















- "Soy la escultura de una hoguera".
 I am the sculpture of a raging bonfire.

Pastora Imperio


Flamenco, XXXIV
(Detalle)





















-"El flamenco no es un espectáculo de fuerza sino de estética, estilo, carisma y disciplina en la danza".
Flamenco is not a display of force, but of aesthetics, style, charisma and discipline in dance.
Matilde Coral


Flamenco, XXXIV. 2012
51 x 36 cm





















-"¿Qué quieres, que te hable de mi baile? ¡Pero si yo no lo sé, oye! "
You want me to talk about my dancing? But I have nothing to say.
Carmen Amaya


Gitana, 50 (Proceso y resultado)
2013
Hilario Bravo
25 x 15 cm.





















- "La cultura del flamenco se siente y se lleva dentro y cualquiera puede enamorarse de ella".
The culture of flamenco is something you feel and carry inside you, and anyone can fall in love with it.
Joaquín Cortés


Flamenco, XX. 2012
51 x 36 cm





















- "El flamenco puro es la vanguardia".
Pure flamenco is always cutting edge.
Manuel Morao


Flamenco, IV. 2012
51 x 36 cm





















-"En el jazz hay que pensar, en el flamenco no".
You need to think with jazz. You don't with flamenco.
***
- "Dicen que para ser universal tienes que ser de tu pueblo. Yo creo que si sólo piensas en lo que puede gustar a los demás te vuelves loco".
They say that to be universal you have to be yourself. I think that if your main mission is to please people, you go crazy.
Paco de Lucía


Gitanas, 95 y 96. 2013
Hilario Bravo
25 x  15 c/u.




















- "El flamenco es una filosofía, una manera de pensar y sentir de todo un pueblo y su tradición histórica".
Flamenco is a philosophy. It's the way of thinking and feeling of a whole people and their historical tradition.

***
- "Yo quiero que los expertos de la música universal que se puedan acercar, que no lo vean como algo tribal y tópico".
I don't want world music experts who approach flamenco to see it as something tribal or stereotypical.
Manolo Sanlúcar


Manila, 28 y 29. 2013
Hilario Bravo
36 x 25 cm. c/u.



















- "El arte flamenco puede cambiar tu vida y engancharte para siempre".
The art of flamenco can change your life and get you hooked forever.
Vicente Amigo

Manila, 36 y 37. 2013
Hilario Bravo
36 x 25 cm. c/u.








viernes, 7 de febrero de 2014

2013 NECIO

MEMORIAS DE UN SÁTIRO TÍMIDO Y POETA.
(Fragmentos)

Su mano, I.  2013
Hilario Bravo
Lápiz y collage sobre papel

    Si este cigarrillo exhalara vapores de cianuro, si esta noche me fuera dulcemente letal… ¡ah, si esta noche pudiera daros el gozo de desquitaros, irrazonables!
    ¿Y si, después de todo, sátiro poeta, en esta noche obscena, horrible, inasequible, inconfesa, absurda por terrible, exquisita por informal, en esta noche, digo, paradójica, inconmovible y fatal, en esta noche de cósmica soledad, te hallasen muerto con todas estas notas desparramadas sobre el propio vientre de tus sentimientos?
    Ménades de todas de mis fantasías, en noche tal rubrico, apago el cigarrillo y firmo. En noche tal, anquilosado, corrupto de vida, desertor del amor y casi humano, duermo.

Su corazón. 2013
Hilario Bravo
Lápiz y collage sobre papel

    Olvídate, Gracia, de mis remordimientos, que yo olvidaré, Necio, mi conciencia.
    Por qué no has tenido la amabilidad de rematarme tras este segundo mazazo en el estómago, por qué no has tenido la entereza de nombrarme con la negación. Por qué aún me aferro al olor que tu crueldad ha dejado en estas sábanas arrugadas y sudadas como mi frente.
    Tanta precipitación tuvo tu eterno amor que no te quedaste a recoger mis regalos.
    Bien he pagado mi culpa con estas dos semanas de infierno, una noche en el paréntesis glorioso de tus piernas y de una imaginaria redención, además de las doce subsiguientes horas de insospechado y desconcertante purgatorio, para caer de cabeza en este limbo fiero e injusto al que me ha precipitado, esta vez, sí, para la eternidad, la crueldad de tu sentencia.
    Pero, aunque no lo parezca, también la enorme eternidad de estas cada vez más amargas lágrimas pasará. Habré de pasarla hablando con el papel.

Su mano, 7 y 8
Hilario Bravo
Lápiz y collage sobre papel. 22 x 19 cm. c/u

    Si tuvieses la más mínima idea, Eunice, de lo que tu marina mirada ha dejado en mi corazón, comprenderías que lleve tantas horas intentando reproducir, con anilinas, el color y el brillo de tus ojos.
    Y, si no, ¿Por qué a estas frías horas de una amanecida de mayo te echo tanto de menos cuando te acabo de conocer? ¿Por qué me expresaste tantas cosas y tan bellas? ¿Por qué, al amanecer, me estoy tomando este bocadillo tratando de olvidar el sabor de tus posibles besos? ¿Por qué no escribí mi nombre en tus labios? Al menos estuve, bella Eunice, durante un instante en tu retina, aunque fuese esta la imagen de un casi idiota al que miraste con tu color de ojos para licuarle el corazón.
    Hermosa Eunice, capaz de hacerme rotar sobre el eje para convertirme en la diana de tu sistema solar. Pasmado, Neptuno. Necio, idiota.


NECIO, V.  2013
Hilario Bravo
50 x 36 cm
Lápiz y collage sobre papel

    Mucho dolor, sin paliativos. Porque cada sorbo, yerra; cada trago, sangra; cada copa, hiere; cada recuerdo, escuece; cada presencia, apuñala.
    (Una copa escondida tras un bolso de color fariseo. Obscenidad significa que alguien comprenda la vulgaridad que impera).

Su mano, IX y X. 2013
Hilario Bravo
Lápiz y collage sobre papel

    Amores, tan maravillosos como los danzantes líquidos que se mueven en la clepsidra, como la arena que se nos escapa entre los dedos, como el agua que se quiere retener en el cesto de las castañas, aire en el saco de la vida...
    Todo aquello que de ellas nos subyuga: el arco de unas cejas amañadas, la curva de un mentón operado, las líneas de una sonrisa falsa; esas miradas unas veces interrogantes, lascivas otras, siempre capciosas, nunca culpables; el engaño de una comisura, lo tuerto de un hoyuelo, el inteligente despeinado de una ceja, los cuatro brillos de dos zarcillos... Ilustre retrato de la sierpe del Génesis.


Natura III. 2013
Hilario Bravo
50 x 36 cm
Lápiz y collage sobre papel

    Me tienes tan de los nervios con tus continuadas negativas, pérfida Hipatia, que de aquellas sembradas lechugas no hago sino recoger escarolas… y es que, quien no sabe cómo se dice corva, en italiano, no sa niente della vita. Que es esta noche de yegüitas desbocadas: Largas crines, ellas. Locos, los potrillos. Hondos, los suspiros de los percherones.


Pierna y hoja. 2013
Hilario Bravo
50 x 36 cm
Lápiz y collage sobre papel

    Marte estaba en el cielo y yo aquí, en la casa del rabioso infierno.
    El mismo lugar, la misma hora… distinto día ¡qué sorprendente puede llegar a ser la vida! Mi cuerpo en derroche e indisoluta la noche.
    ¿Por qué no ve voy a casa a recordar sus besos, el tacto de sus pechos, el sabor de su flor?
    A quien competa: Necio se ha vuelto a enamorar de Gracia.


Necio, IX. 2013
Hilario Bravo
50 x 36 cm
Lápiz y collage sobre papel












miércoles, 20 de noviembre de 2013

2012 LA DANZA


Hawaiian dance, III. 2012
40 x 30 cm.

Quien no sabe bailar dice que los tambores no valen para nada.
   Proverbio ghanés

Bajo el impulso de la alegría el hombre gritó, su grito se concretó en palabras, éstas fueron moduladas en canto, luego imperceptiblemente se fue moviendo sobre el canto, hasta que de pronto tradujo en el baile la alegría de la vida.
   Confucio


Dança das estrelas, V. 2012
40 x 30 cm.
Danzar es sentir, sentir es sufrir, sufrir es amar; Usted ama, sufre y siente. ¡Usted danza!
   ***
La danza no es sólo transmisión de una técnica sino también de un impulso vital profundo.
   ***
Nací a la orilla del mar. Mi primera idea del movimiento y de la danza me ha venido seguramente del ritmo de las olas...
   ***
Si pudiera decirte lo que se siente, no valdría la pena bailarlo.

   Isadora Duncan


Dance des voiles, III. 2012
40 x 30 cm.


La danza de la taupo (virgen) es grave, lejana, hermosa. Se requiere que ella conserve una expresión rígida, soñadora e impasible, de infinita altivez y arrogancia. La única alternativa permitida en esta expresión son una serie de gestos de naturaleza más bien impúdica que cómica, cuyo atractivo principal deriva del fuerte contraste que presentan con la habitual seriedad.
***
Las exhibiciones de danzas formales constituyen un reconocido entretenimiento social, y la máxima cortesía que pueda hacer un jefe a su visitante es que la taupo baile para él.

   Margaret Mead
   Adolescencia, sexo y cultura en Samoa


Hawaiian dance, II. 2012
40 x 30 cm.

La danza no está en el paso, sino en lo que hay entre paso y paso.
   Antonio Gades.

La danza es un armonioso deslizarse subordinado a la música y el éxtasis.
   Stéphane Mallarme

La danza es la metamorfosis en acción.
   Paul Valéry

Danza es todo aquello que el ser humano es capaz de hacer musicalmente con cualquier parte de su cuerpo.
   Karlheinz Stockhausen

La danza debe dar la idea de una ligereza y una soltura incorpóreas, por así decirlo. El efecto de las bellas artes tiene como único mérito lo que todas éstas deben tener como fin, el de hacer imaginar almas por medio de cuerpos.
   Joseph Joubert

Ballo del volo, V. 2012
40 x 30 cm.

El movimiento no miente.
   ***
Dance is the hidden language of the soul.
La danza es el lenguaje escondido del alma.
   Martha Graham

The dance is a poem of which each movement is a word.
La danza es un poema en el que cada movimiento es una palabra.
   Mata Hari


Afrikanische tanz, IV. 2012
40 x 30 cm.


Cada día en el que no hayamos danzado al menos una vez es un día perdido.
   ***
Yo creería solamente en un Dios que supiese bailar.
   Friedrich Nietzsche

Every day brings a chance for you to draw in a breath, kick off your shoes, and dance. Cada día ofrece una oportunidad para que respires, te descalces, y bailes.
   Oprah Winfrey


Danza, XVI. 2012
51 x 36 cm.

La danza es un ritmo mudo, es la música visible.
   Téophile Gautier

Todo el Universo tiene ritmo. Todo danza.
   Maya Angelou

El sitio de la danza está en las casas, en las calles, en la vida.
   Maurice Béjart

De todas la artes, la danza es la única capaz de acercarnos a lo cósmico.
   Marta Bercy


Danza, VI. 2012
51 x 36 cm.

Vive como si fueras a morir mañana, trabaja como si no necesitaras el dinero, baila como si nadie estuviera mirando.
    Bob Fosse

Crea una danza en una forma nueva, jamás antes usada, que posea contenido en cada instante, en cada dibujo.
   George Balanchine

Bailar es como el sexo: una vez casi tuve un orgasmo.
   Janet Jackson

Danza, XXVI. 2012
51 x 36 cm.

  





2012 ICARIA

ENLACES INTERESANTES:
VÍDEO de pintura mural
VÍDEO entrevista
INFOENPUNTO
ARTÍCULO el Periódico
ARTÍCULO Hoy


Viaje a Icaria
María Jesús Teixidó Domínguez
La copa de Dionisos, IV y V
22 X 16 cm. c/u.
Técnica mixta sobre papel
           Hilario Bravo nos invita a viajar en su última exposición hasta la mitológica IcariaEsta isla mediterránea, que toma su nombre de Ícaro, hijo de Dédalo, fue cuna de Tepsis, padre de la tragedia griega, hecho que la conecta necesariamente con Dionisos, dios del teatro, pero también de la desinhibición del vino, del placer y del impulso. Así, Icaria trata de arrancarnos por un momento de la –no siempre amable— realidad, a través de una seductora propuesta estética. 
Icaria constituye el escenario de una completa bacanal presidida por Baco/Dionisos, en la que no faltan ménades, músicos, bacantes, sátiros concentrados en buscar a su presa amante, uvas con las que confeccionar el líquido elemento –vino, cuál si no— y copas cargadas de conceptos donde servirlo. En el paraíso terrenal confeccionado por el artista, encontramos una fuerza desgarradora que atrae al espectador hacia el placer de lo sensual y la fuerza de lo matérico.
 La embriaguez de esta atmósfera aparece plasmada en dos potentes lienzos, completados por ocho series de ocho piezas cada una (Dionisos, Música, Ménades danzantes, Bacantes, Celebración, Sátiros ebrios, Copas, Uvas), que juntas conforman una unidad pero, de la misma manera, por sí mismas gozan de sentido pleno.  
En el gran formato apreciamos un Hilario Bravo de lenguaje más personal, simbólico y críptico, pero sin perder la referencia de la naturaleza que le rodea. El añorado estío se muestra como protagonista indiscutible: el sol, el río, las ondas de agua, el chamizo que proporciona la ansiada sombra y, sobre todo, el potente y cálido naranja que armoniza sendos lienzos, son elementos que nos transportan a la canícula, en la que tenemos la excusa perfecta para arrojarnos a los brazos del dejar pasar, con sosiego y sin remordimiento.
En Tierra de Barros la sangre y el vino se convierten en uno, a modo de transfiguración pagana, en la que el jugo de la uva se manifiesta como hilo conductor de la catarsis, tan presente ahora como en la Grecia Clásica. No podemos obviar la presencia del chamizo, que recorre el lienzo longitudinalmente a modo de río matérico, con el que Hilario da un salto a la tridimensionalidad, en un esfuerzo por conectarnos con la naturaleza y lo telúrico. 
En Icaria, lienzo que da nombre a la exposición, irrumpe con presencia el racimo de uvas, cargado de conceptos (ceremonia, rito, canto) de los que serán partícipes aquellos elegidos que beban del líquido que de él se extrae. Es la clave de la evasión, aquella que recogió sin igual el poeta simbolista Charles Baudelaire en sus Flores del mal: “Te llaman en auxilio de su aulladora fiebre./¡Oh Baco, que adormeces todas las inquietudes!”
Muy al contrario, las series de dibujos y collages, nos muestran un trazo más enérgico, transmisor de la libertad que proporciona el lápiz. Las líneas y las sombras del papel nos desvelan un Hilario más impulsivo, desinhibido y contundente, quizá imbuido por una libertad embriagadora. Estas series están organizadas de forma lineal, representando en cada una de ellas un momento significativo de la bacanal. Primero las Portadoras preparan el vino, al ritmo de La música, ambos representados de forma esquemática, algo matissiana, cuyos bosquejos se completan con elementos preciosos, dorados y plateados, propios de este ambiente de lujo y el placer. Mientras, las  Ménades, sensuales y dinámicas, continúan con el estilo anterior, cuyos  voluptuosos cuerpos son moldeados por esos papeles pegados.
De las Uvas se extrae el líquido del ritual dionisiaco. Y nuevamente aparece el fruto cargado de conceptos sensuales y placenteros, que una vez transformados en vino reposarán en las Copas. Copas convertidas en cálices paganos, receptores de su fuerza conceptual. Hilario Bravo ha elegido para sendas series el collage como medio expresivo, rápido y directo: papeles rasgados y colocados al azar en algunos ejemplos, mientras que en otros se vislumbra una meticulosa disposición, logrando en ambos casos un impactante y sensual efecto. Las Uvas, irónicas, sinceras y directas, casan a la perfección, como no podía ser de otra manera, con su natural receptor, del que los participantes en la bacanal deben beber.

Los sátiros ebrios, adentrados en el ceremonial, muestran un evidente cambio de factura, con un dibujo más académico. Sus rostros están definidos por la sanguina, color que armoniza toda la serie, de cuyos trazos surge la mirada penetrante y rictus más grave de estos personajes mitológicos, algo grotescos pero a la vez cautivadores.
En Icaria queda plasmado el ritual hedonista en estado puro. Cada cual decida si participar o no…

 Un mantra de vida
Marina Bargón

Bacantes VI y IV
22 X 16 cm. c/u.
Técnica mixta sobre papel
            Roma. Dos de la tarde. Una botella de vino se descorcha y comienza el ritual: el líquido paradisíaco nos brinda todo un mundo de posibilidades ya descubiertas en tiempos ancestrales cuando los antiguos romanos, herederos del mundo griego, bebían vino sobre aquellas mismas piedras. Tras el primer sorbo los ojos se vuelven más brillantes y un resplandor en la mirada nos desvela que el autor de esta exposición, sentado entonces en nuestra mesa, acaba de ser tocado por las musas. El poderoso vino ha empezado a desnudar la maravillosa mente de Hilario Bravo.
Será pasado el tiempo, ahora, cuando me encuentro ante una serie dedicada en exclusiva al dios vino; al dios Baco. Y será en esta muestra donde podamos iniciarnos estéticamente en los ancestrales rituales de la religión báquica, tratada anteriormente por grandes artistas como Miguel Ángel, Caravaggio o Velázquez entre otros.
El primer paso de nuestra bacanal será el cultivo de Las Uvas, fruto que ha simbolizado tradicionalmente el oro y el poder en relación con la sociedad. Para su representación el artista selecciona la técnica del collage con papeles mates y plateados e inserta grupos de tres palabras en el interior del racimo. Al unir las tres palabras encontramos pequeñas historias–sentimientos, como si de haikus corporales se tratasen. La inspiración llega de la mano de una de las grandes pasiones de Hilario, la poesía, aunque también de sentimientos encontrados en situaciones casi mágicas en las que el vino es esencial. La Nochevieja sería uno de estos trances (el año empieza y acaba al unísono) y nuestros deseos se elevan al tragar las doce uvas. Así, en esta serie veremos representados los doce frutos con las tres palabras como simbología del deseo espiritual que el hombre deposita en torno al vino.
El ritual continúa y es hora de La celebración del Vino: la recolecta, la vendimia, el traslado, el escanciado, el disfrute de una o más copas… Será en esta serie en la que encontremos lo denominado comúnmente como “las fases del alcohol”, cuando en última instancia todo se torna en risas, brindis y juegos casi malignos, representados por nuestra amiga la serpiente en una de las escenas. No podemos dejar pasar cómo Hilario encuentra la sensualidad en el cuerpo de la mujer y en el propio cuerpo del vino (en tono rojo) como la unión perfecta, ya sea como líquido embriagador o como manto que soporta y enriquece diferentes situaciones de nuestra vida.
La Música y La Danza son, también, una parte importante del ceremonial. Desde la antigüedad son utilizadas para entrar en trance y llegar a la posibilidad de poder hacerlo todo, de ser otra persona, de experimentar el poder supremo de la imaginación. Será mediante los movimientos sensuales y la síntesis de instrumentos antiguos la forma en la que el artista represente, en estas dos series, la ascensión espiritual que libera al hombre de sus cadenas. Pero si en torno al vino encontramos más elementos la diversión se multiplica. Las Bacantes se encargan de ofrecernos diferentes manjares que alegrarán cada vez más la celebración báquica. Fruta, animales (el tierno borreguito que irá a la ceremonia pero no volverá) y ánforas repletas de más bebida consolidarán los festejos que ya en la antigüedad provocaron prohibiciones (Senatus consultum de Bacchanalibus) que jamás pudieron reprimir. Esta actividad entronca directamente con la que desempeñamos cada Carnaval, ya que las bacanales expresan la desinhibición del individuo, algo que en todas las culturas sucede. Por eso en esta serie podemos encontrar elementos egipcios (el buey Apis con el disco solar) o de la antigüedad grecorromana (portadoras que apoyan sus utensilios en la cabeza). Las relaciones directas con las antiguas culturas son una constante en esta exposición. La presencia cristiana se encuentra representada en Las copas de Dionisos, en donde el vino es un elemento de unión con Dios y parte directa del ritual: representa la sangre de la vida. La forma de estos cálices simboliza un recorrido espiritual que el individuo transita, en muchas ocasiones sin ser consciente. Para el artista algunos de estos momentos claves son los juegos y las emociones sentidas en torno a la rayuela (estructura fascinante para Hilario) y, más directamente relacionados con los cálices, las plantas basilicales de las iglesias cristianas. En cualquier caso, cualquiera de estos recorridos (emocionales y espirituales) quedan definidos por el artista en conceptos tales como luz, fraternidad, fatiga, sol, sangre y sudor.
Ya se sabe que, llegados a este punto, el alcohol debería haber hecho sus efectos. Y a los Sátiros ebrios también. Esta serie es especialmente interesante ya que está compuesta por los personajes  Marsias, Sileno, Atreo, Marón y Ampelo. El autor confiesa que primero realizó los trazos y después conformó los rasgos de los rostros. En realidad supone un Oda a la Historia del Arte compuesta por guiños a la Edad del Oro, al cubismo, y a grandes artistas como Rubens o Tiziano.
Dionisos hace entrada al concluir nuestra bacanal. Nos muestra sus múltiples caras siempre tocado con sus coronas, fortaleciendo su imagen de dios. En sus caras vemos todo tipo de conceptos, especialmente importantes para el autor, que conforman un mantra de vida. Principio y fin, alfa y omega, ser y no ser… la dualidad es una constante en la vida misma. Nada es verdadero, nada es eterno y sin embargo, tal y como cita Platón,… en el vino está la verdad.


Hilario Bravo: Icaria o la seducción afirmativa
Miguel Fernández Campón

Dionisos, II y VII 22 X 16 cm. c/u.
Técnica mixta sobre papel

Hilario Bravo ha terminado por disolver, en el vino, la pantalla del ser. Si constatamos, ante nosotros, que hay un lenguaje que habla, desde este lado el artista nos comunica: habla y existe porque así lo quise. Así quise que aconteciera la apariencia. Esto es lo que nos ofrece la sonrisa de Dionisos. Un pensamiento aparece de modo discreto, casi como un silencio. Es un pensamiento propio de todo aquello que no puede ser tomado con seriedad. En esta serie, la grafía informal de Hilario Bravo podría haber dibujado las siguientes palabras de Nietzsche: “El placer –es más profundo que el sufrimiento. (…) todo placer quiere eternidad”[1].
Dos lienzos de grandes dimensiones nos indican la proximidad hacia zonas de una sacralidad inmanente. Los signos, el diagrama, la materia flotan sobre una tierra confeccionada de mito, en el goce de traspasar la sangre hacia territorios donde lo indiscernible nos saluda. Las dos grandes pinturas son hitos, puertas, por las que entramos al mundo de lo idéntico, ahora reinterpretado en escenarios de diferencia y energía. El vino inicia, como una nada incompleta, lo afortunado del evento. Hilario Bravo crea, en estas obras, y en especial en las diferentes series de dibujos de reducidas dimensiones, pequeños espacios de transitoriedad, pequeñas estancias de un aquí y ahora distendido y transformador.
Las tonalidades y texturas del papel utilizado como fondo y soporte del diseño inician un diálogo con la existencia como provisionalidad. Lo que contiene no es. Dionisos hace desplomarse el ser hacia el horizonte. Nosotros nombramos las islas hacia un archipiélago, desde la ebriedad. El resultado son pequeñas piezas de una musicalidad povera[2], en series que interpretan lo dionisiaco desde la estetización de la apariencia. Todo adquiere en los collages el tener tiempo de la degustación, el diferir como improductividad y placer.
Los dibujos se organizan por series temáticas (Música, Danza, Bacantes, Celebración, Sátiros ebrios, La copa de Dionisos, Uvas, Dionisos). Cada una de ellas mira desde un ritmo o acontecer plástico. En todas existe un predominio de lo casual, una luz diluida, el trazo como mímica incompleta, la tachadura como herida del ser, los emborronamientos que lo disuelven. Las capas de las ménades se tejen a partir de garabatos de clarividencia, los cuerpos se trazan con el grafito de lo eventual, con la tiza inocente del acontecimiento. La naturaleza, el agua y su fluir, son más reales dentro de un esquema. Igual que Hans Arp cortaba con las manos el papel para dejarlo caer sobre una superficie, y componer así su obra con las leyes del azar, Hilario Bravo, troceando el color, recrea, desde la no intencionalidad de las formas, figuras en positivo, en negativo, licuadas hacia una plasticidad semejante a los gouaches recortados de Matisse[3].  Hay, como en algunos bodegones de Juan Gris[4], un dibujo de copas que se emancipa del color, a las que se añade la tactilidad adquirida del concepto. Hilario Bravo sabe que el recipiente que contiene la embriaguez pertenece a un territorio anónimo de lo inacabado. Todo se abre hacia desajustes poéticos: miramos la máscara como a una seducción afirmativa. Hay anversos y reversos de escritura y carácter, de presencia y de huella, del placer–dolor y de la muerte–vida. En las uvas (círculos pre-formales que se agrupan en un racimo como sumas imposibles del cero), bodegones de esencia debilitada, compuestas con fragmentos de un todo a la deriva, se inscriben letras que forman palabras. Tras su recolecta (reunión) en otra serie, el artista nos habla: sólo en la retórica del vino podemos intuir el sentido, aquello que afirmamos, nuestro decir sí, en un reunir abierto, en la materia poética de lo diseminado. 
Quizá debamos pensar en el informalismo de los signos y trazos como una desaparición última de nuestros objetos de deseo. “En última instancia, lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado”[5]. Hilario Bravo suspende un inicio de claridad, un afecto puro, una ontología estética que funciona como construcción de una escena donde la vida, más que soportarse, puede vivirse. No hay esencia que sufrir, sino apariencia que vivir en la tragedia. Dionisos no es aquí la crudeza de la vida, sino la creación de un teatro de soportabilidad[6]. El cortejo de Dionisos ha terminado por arrasar, bajo la austeridad incontenible de lo desbordante, todo lo que se instituye como fundamento y como verdad, indicándonos otro comienzo, otro modo de pensar–vivir, en una levedad embellecida en la que siempre, en definitiva, hemos residido.


[1] NIETZSCHE, FRIEDRICH: Así habló Zaratustra. Alianza Editorial, Madrid, 2006, p. 318.
[2] FERNÁNDEZ POLANCO, AURORA: Arte povera. Editorial Nerea, San Sebastián, 2003.
[3] SOLANA, GUILLERMO; PULVENIS DE SÉLIGNY, M.-T.; MATISSE, HENRI, Matisse: espíritu y sentido. Obra sobre papel. Fundación Juan March, Madrid, 2001, p. 92.
[4] JIMÉNEZ-BLANCO, MARÍA DOLORES: Juan Gris. Sociedad Editorial Electa España, Madrid, 1999, p. 30. 
[5] NIETZSCHE, FRIEDRICH: Más Allá del bien y del mal. Alianza Editorial, Madrid, 2007, p. 120.
[6] SLOTERDIJK, PETER: El pensador en escena. El materialismo de Nietzsche. Pre-Textos, Valencia, 2000, pp. 71-72.
 
El paisaje de Icaria
Pedro Plasencia Lozano

Racimo, IV y V
22 X 16 cm. c/u.
Técnica mixta sobre papel
            Decía Dalí que quien sabe degustar no bebe jamás el vino, sino que degusta secretos. Secretos degustados, visiones íntimas, pequeños sorbos de cobre, ceras, sanguina, lápiz o letraset, es lo que nos muestra Hilario Bravo en esta isla de Icaria vista a golpe de catalejo furtivo, de monóculo indiscreto, quizá desde otra isla, quizá desde un barco perdido en el Mediterráneo.
La mirada de Hilario, siempre alerta a lo erótico y a lo mitológico, nos descubre en esta isla un compendio de seres y objetos definidos con trazos primitivos e imaginativos sobre el papel, pese al papel, junto al papel, desde el papel o sin el papel –como esa bocca della verità del dibujo de uno de los Sátiros, que nos dirige al adagio latino in vino veritas—. Y quizá en el dibujo, en la miniatura, en la pura simplificación de la representación, sea donde encontremos la honestidad del artista, sin espacios para la trampa, sin resquicios formales en los que esconderse, sin más interpretación que la definida por un primer golpe de vista. La natural honestidad, también, de unas figuras desinhibidas captadas en la acción inmediata del disfrute, ambientadas por una Música que el artista disfraza de puntos y serpentinas amarillas. Mas estas miniaturas povera, fotogramas de una procesión festiva sin fin ni principio, nos remiten no sólo a lo festivo, a lo instintivo o a lo banal, sino también al esperar, al transcurrir, al comprender. Frente a la inmediatez de la uva, la fermentación del mosto, el recorrido temporal y la secuencialidad, acaso el más humano de los conceptos, concretado en las series Celebración y Bacantes, juegos en rojo vivo que nos remiten al óxido de hierro, a la sangre, a los ladrillos de las cúpulas de esta Sala Croma, a Altamira. 
Junto a las tablillas, báquicos perfiles de la Icaria facebookiana, los cuadros de gran formato nos definen la cartografía de las escenas representadas. Ya dice Michael Jakob que "un jardín nunca puede ser aprehendido de un solo golpe de vista, a la manera de un cuadro. Ninguna imagen o representación podrá contener la totalidad-jardín; ninguna podrá ser exhaustiva o verdaderamente representativa"[1]. De ahí que ambas realidades –el contexto y el objeto de Benjamin—, separadas de facto por sus formatos, nos den por suma la realidad expositiva, el jardín mediterráneo doméstico y abierto en que se ubica Icaria. Un jardín, de nuevo, que destila formas arquetípicas de la pintura paisajística de Hilario: ríos de flujo vivo y trazo alegre, árboles esquematizados en tronco y copa que eliminan sus raíces en un acto naïf y etéreo, y un telón configurado a base de gradaciones múltiples y difusas de una misma gama, cálida y terrosa, exudación mediterránea inmarcesible. Junto a ellos, el cañizo como elemento superpuesto y perturbador, añadiendo la textura de lo seco y también de lo humano, que nosotros identificamos con el camino artificial frente al natural itinerario de los arroyos –¿habría vías de ferrocarril en Icaria, al igual que las había en la Venecia del XVII imaginada por Carpentier? —. Un camino que nos lleva del inicio al destino, de la A a la X –¿sería Icaria, por ventura, la isla de Stevenson? —, del fruto al néctar, del vino a la sangre, del paisaje a las figuras, de las figuras a las ánforas en que quizá tiempo atrás estuvieron insertadas, de esas ánforas a la arcilla, de la arcilla al barro y de ahí a la tierra. Y en la tierra, de nuevo un camino –¿no son, acaso, losetas de las calzadas de Icaria, los lienzos que acogen a las Copas, a las Danzadoras o a las Cabezas? —.
Así se nos muestra el universo creado por Hilario Bravo, un mundo construido con trazos, técnicas y simbologías nítidamente personales que captura el genius loci mediterráneo y lo traslada frente a nosotros a modo de pequeños frutos, partes de un racimo cuya suma trasciende su forma y destila palabras como amor, alba, perfume, pan, besos, gozo: collage explícito de letras, síntesis cultural de nuestro dialogar entre los mitos.
...y las Uvas, que son esféricas. 


[1]JakobMichaelEl jardín y la representación. Pintura, cine y fotografía, Siruela, Madrid, 2010, p.12.